Hay tambien quien ama á sus padres con la mayor ternura: y del amor á los hijos creo inútil hablar, porque hay muy pocas mujeres que no sean capaces de sacrificar á su amor maternal hasta su propia vida.

En la amistad se han visto tambien ejemplos admirables de grandeza y abnegacion, y dos damas holandesas, las fundadoras de la novela en su país, vivieron unidas desde su juventud más tierna por los lazos de una amistad tan sólida, que han pasado á ser citadas como ejemplo hasta nuestros dias.

Todo esto es posible, y lo vemos cada dia; todas estas variantes del amor se admiran, se comprenden y las alabamos con razon; pero hay otra clase de amor que no es noble, ni grande, ni disculpable siquiera, y de este amor voy á tratar en el párrafo siguiente.

II.

--Dime, querido Cárlos, preguntaba un dia el Marqués de... á su hermano mayor, ¿qué te parece mi mujer?

--Una pagana, respondió ásperamente el Duque, que era el hermano á quien esta pregunta se dirigia.

El que habia interpelado quedó un instante suspenso, á pesar de serle bien conocido el carácter brusco, excéntrico y demasiadamente sincero de su hermano primogénito.

--Yo creo muy cristiana á la Marquesa, repuso sonriendo al cabo de algunos instantes; pero tu opinion es para mí de tal importancia, que te ruego me dés la explicacion de lo que has dicho.

--Digo que tu mujer es una pagana, y así la califiqué desde el dia de tu casamiento, tres meses hace.

--¿Y por qué la juzgas así?