Sólo en el pasado es donde se puede encontrar un pedazo de cielo azul para dejar errar la fantasía, como ave triste y enferma que ha quemado sus alas al atravesarlos desiertos de la vida.
¿Por qué esto?
¡Ay! porque la doliente humanidad cree siempre más dichoso el dia que pasó que el que espera; porque, como dice Chateaubriand, ¡en la sociedad, cada hora abre una tumba, y hace verter una lágrima!
La esperanza, esa deidad consoladora que, envuelta en diáfanos velos, sonrie á los niños en la cuna y acaricia al hombre, se deja ver pocas veces en torno de la mujer; flota á lo léjos como la sombra de un sueño, y como sombra se desvanece cuando va á asirla su débil mano.
Para la mujer es más grato, más dulce, más consolador el recuerdo.
El recuerdo queda en su corazon.
La esperanza no hace más que vagar ante sus ojos.
II.
Cada vez que contemplo yo el sol, recuerdo uno de sus rayos que calentaba mis piés cuando era niña, y á cuyo reflejo luminoso se abria un pequeño mundo que yo abarcaba con dominio infantil.
Caia aquella ráfaga de dorada luz en un pobre y húmedo cuartito, cuyo pavimento era de yeso, resquebrajado en muchas partes.