Y la sal y la gracia se convirtieron al fin en una desenvoltura repugnante, en una maledicencia insoportable, y en una absoluta falta de pudor y de delicadeza.

¿Cómo era posible que estas mujeres no estuviesen rodeadas de enemigos?

Quizá, sin más faltas que sus chistes y su sal, han perdido su reputacion por la venganza de los que han sido ofendidos con su maledicencia, ó blanco de sus chispeantes burlas.

La que ansía la reputacion de chistosa será muy fácil que adquiera la de maldiciente, porque de la sátira á la murmuracion es tan rápido el declive, que no basta la débil inteligencia de la mujer para que la conduzca por él sin despeñarla.

La madre que ambicione la felicidad de su hija, hágale entender, desde que su tierna inteligencia lo permita, que es mejor pasar por mujer modesta que por mujer vivaz y chistosa. Á estas últimas se las teme. Las primeras son casi siempre simpáticas ó, al ménos, se juzgan inofensivas.

La modestia llegará á serles natural si la buena educacion les hace comprender su belleza; porque si bien es cierto que la modestia nace con la criatura, no lo es ménos que ésta pueda adquirirla aunque haya nacido destituida de ella.

Si á una niña en vez de aplaudirle los modales desenvueltos de que use, se le afean aconsejándole otros más dulces y templados, es indudable que dejará los primeros para no hacerse odiosa y despreciable. Si se le enseña á hablar poco y oportunamente, á no criticar á nadie y á cuidar de sus propias acciones y decoro, seguramente que no charlará sin tino cayendo en la murmuracion, escollo inevitable cuando se habla mucho. Si se le dice que la gracia es la moderacion, la dulzura, la templanza, la modestia en fin, no hará alarde de descaro ni de chistes poco convenientes en su edad. Por último, si se conserva en su alma esa flor delicada que se llama pudor, no la veréis nunca con la mirada oblícua de la hipocresía, ni con esa otra descocada que vende el fatal ¿qué se me da á mí?, cáncer de nuestra sociedad y de la virtud de la mujer.

IV.

La verdadera gracia, la gentil coquetería, la distincion en los modales son inseparables de la modestia, y por lo tanto, la mujer más destituida de atractivos personales puede ser encantadora si es modesta.

Pocas, muy pocas nacen completamente hermosas, y así la mujer debe buscar todo aquello que realza sus gracias personales; porque esto, léjos de ser una falta, es un homenaje á la Providencia, puesto que se manifiesta estimacion hácia las ventajas y los dones que nos ha concedido.