III.

La modestia impone deberes, que quizá parecerán muy arduos á las jóvenes cuya educacion haya hecho que los desconozcan: porque es muy cierto que la modestia la inculca una buena madre en el carácter de sus hijas desde su más tierna edad.

La modestia prohibe las posturas indecorosas, los modales desenvueltos, los trajes cuya hechura exagerada dé lugar á la crítica por llamar excesivamente la atencion.

La modestia exige esa delicada reserva, de que ya he hablado, y que aconseja á la mujer salir poco de su casa y no prodigarse demasiado en público.

La modestia exige que toda jóven ignore, ó al ménos aparente ignorar, todo aquello que su edad y estado le prohiben saber.

Por más que halague á una jóven, por la viveza de su carácter, esa reputacion de chistosa que se concede á otras, debe preferir la de modesta.

Confundir la gracia con el chiste es un error lamentable. La gracia es inseparable de la modestia. El chiste sienta bien algunas veces al hombre, pero jamas á la mujer, porque es consecuencia de la desenvoltura.

He visto muy de cerca á algunas jóvenes, que apénas habian salido de la infancia, y tenian ya en la conversacion ciertas libertades, inocentes en un principio, pero que eran aplaudidas como otras tantas gracias.

Aquellas licencias iban creciendo poco á poco mucho más de lo conveniente, mas los padres y hermanos exclamaban sin cesar:

--¡Qué chistes tan oportunos! ¡Qué sal!