--¡Mire V. cuánto coche, señora Pepa! dijo el zapatero, airoso jóven que vestia pantalon ajustado color de rata, chaqueta de paño fino azul, sombrero hongo y camisa con chorrera.
--¡Y de qué distintas figuras! observó la buena mujer, colocándose bien en el brazo una cesta de mimbres que llevaba cubierta con una blanca servilleta, y que contenia el almuerzo de los tres, preparado la noche anterior.
Con efecto: en la falda de la pradera se veia una nube de carruajes que iban y venian en todas direcciones: veíanse en revuelta confusion la opulenta carretela, la tartana oriunda de Valencia, el fiacre, el vivaracho tres por ciento, la pesada galera, el carromato perezoso, el ómnibus que se asemeja á una barca veneciana, el coche de principios del siglo, semejante á un castillo gótico medio arruinado, y la calesa clásica del año ocho, pintarrajeada, retozona y saltarina, ocupada por un matrimonio jóven ó por una amante pareja del barrio de Lavapiés.
--Madre, dijo Juana: ¡mire V. en aquella carretela azul con caballos oscuros á la señorita Julia con el señor Marqués! ¡Mírala, Antonio, qué guapa viene! Trae vestido lanilla de rayitas blancas y azules, sombrero de paja y sombrilla azul. ¿Verdad que es muy bonita?
--¡Más lo eres tú! respondió el zapatero mirando á su novia tiernamente.
--¡Quita allá, zalamero! dijo Juana dejando, no obstante, asomar á sus ojos la alegría que llenaba su corazon, por aquella amorosa respuesta.
IV.
Algunos instantes despues detuvo el cochero el soberbio tronco de la carretela, bajó el Marqués y dió la mano á su hija. Juana corrió hácia ellos: su madre y su prometido la siguieron.
--¿Has paseado mucho, Juana? ¿habeis almorzado ya? Papá y yo vamos á tomar algo á esa fonda, y despues de dar una vuelta por aquí nos volverémos á casa, dijo la hija del Marqués.
--Pues nosotros, hija mia, dijo la señora Pepa, que llamaba de tú á la que habia alimentado á su seno, traemos el almuerzo, porque aquí todo es caro y malo: anoche arreglé una menestra con jamon y una tortilla.