--Siéntense VV. á almorzar donde yo los vea, dijo el Marqués, para que les envie Julia los postres y el café, y yo unos cigarros puros.

--Allí madre, dijo Juana, en ese jardinillo, al lado de la fuente.

--Vamos allá, y tantas gracias, señor Marqués, dijo el zapatero.

Extendiéronse dos blancas servilletas sobre la hierba, y madre, hija y novio empezaron á comer la menestra con apetito: el vino se compró en un puesto inmediato.

El Marqués y su hija entraron en la fonda de enfrente, y pidieron leche de las Navas y fresa, sentándose en la única mesa que habia desocupada.

Al empezar Juana á partir la tortilla, que era el segundo plato de su almuerzo, llegó un criado de la fonda conduciendo una bandeja con pasteles, un plato de fresa, un mazo de cigarros habanos y el café prometido.

Media hora despues el círculo se habia ensanchado con algunas amigas y conocidos que tocaban guitarras, bandurrias y panderos y cantaban alegremente, en tanto que Juana y sus amigas bailaban con sus novios.

El Marqués y su hija se hallaban de vuelta á las doce y almorzaban en su elegante comedor de Madrid.

Juana, su madre y su novio volvian al anochecer, acompañados de varios amigos de ambos sexos, y engrosando el cordon humano que llega desde la cuesta de la Vega hasta la ermita del Santo y que no se habia interrumpido en todo el dia.