Jorge Byron fué á la casa maternal, expulsado del colegio por su desarreglada conducta, hija sobre todo del abandono en que su madre le dejaba; y en vez de hallar en aquella madre una amiga tierna y previsora, halló una mujer dura, fria, indiferente para él, y que en su helado y extraño escepticismo, se reia de las cosas más santas, y se burlaba de todo.

No se lanza á traves de las selvas el caballo que ha roto el freno con más ardor y bravura en la carrera, que el jóven Lord se lanzó en todos los excesos de la vida libertina; juzgó á todas las mujeres en su madre, y á todas las despreció, siendo para él juguetes que le divertian más ó ménos tiempo; sus poemas Childe Harold, El Corsario, Chiam, La Desposada de Abidos, Lara y Don Juan, elevaron su fama al más alto grado de la gloria; pero ¡qué vida la del poeta! viajando sin cesar para olvidar el vacío que ni la gloria podia llenar, cansado de honores y de riquezas, consumido de hastío, Jorge Byron era el hombre más desgraciado de la tierra.

Fatigado de su deplorable existencia, quiso ver si hallaba la calma en el puerto del matrimonio, y obtuvo la mano de Mis Milblanc, jóven encantadora, que le dió pronto una hija; pero los lazos de la familia se le hicieron insoportables al poco tiempo, y huyó á Ginebra, trasladándose despues á Florencia.

Para que no existiese una desdicha que Jorge no apurase, le llegó la hora de amar verdadera y profundamente, cuando ya estaba unido á otra mujer; la Condesa de G.... fué la que le inspiró el único amor de su vida, y la Condesa estaba casada como él.

No es de este lugar el referir los escándalos que estos amores produjeron: la Condesa, cansada del carácter de Byron, agobiada con la esterilidad de aquel corazon que sólo por ella latia, pero que en todo lo demas era de piedra, tuvo, por fin, el noble valor de desprenderse de tan funestos lazos, y Lord Byron, desesperado, recorrió la Grecia y se ocupó en conspirar, hasta que á los treinta y siete años murió de una fiebre inflamatoria, asistido y cuidado solamente por un fiel criado suyo.

III.

Tal fué, considerada á grandes rasgos, la vida de este gran poeta, de quien una madre tierna y piadosa podia haber hecho un buen ciudadano, un buen esposo, un buen padre, y sobre todo, un hombre feliz, y que fué el más desgraciado de los vivientes y uno de los hombres más bajamente viciosos.

Aquel que estudie el carácter y los escritos de Lord Byron hallará entre unos y otros las más extrañas contradicciones; escéptico en su vida, se lamenta amargamente de no haber nacido católico; aristócrata por la cuna y el carácter, hace alarde de despreciar las preocupaciones de su clase; abomina la disipacion en sus obras, y su vida no es otra cosa que una disipacion continuada; considera el matrimonio como una calamidad insoportable, huye de él, y escribe que el matrimonio es el estado más feliz de la vida.

¡Pobre y enferma cabeza! ¡Pobre corazon extraviado y solitario en los desiertos de la vida! ¡Pobre y gigantesco pensamiento, aspirando siempre á un más allá que no encontraba! ¡Si una madre tierna, piadosa é inteligente te hubiera prestado el calor amoroso de su seno; si te hubiera mostrado el cielo con la palabra y con el ejemplo de una virtud suave y sencilla; si te hubiera abierto en su corazon un refugio á todas las decepciones, á todos los dolores de la vida, hubieras sido feliz, aunque no hubiera sido de otro modo que agradeciendo á Dios tu propia grandeza!

IV.