Uno de los hermanos le pedia su intercesion para que le dejasen ir al teatro; otro la ponia de mediadora para que su madre le diese una corta cantidad de dinero; una hermanita pequeña le suplicaba le alcanzase la concesion de un sombrero de moda nueva, y hasta el que estaba en mantillas queria ir á sus brazos para que lo llevase á ver la luz del quinqué, hácia la que tendia sus manecitas con esa aficion á todo lo que brilla, que ya se demuestra desde la cuna.

La hermana lograba todo para todos, y luégo cada uno le pagaba su dulce intercesion con muchas caricias y besos.

II.

La casa sin hija es como huerto sin sol. Cuando en una familia se ha pasado ya del descontento á una guerra sorda y cruel; cuando han surgido entre el padre y la madre diferencias imposibles de vencer; cuando, en fin, arde en la casa la tea de la discordia, sólo la rosada é inocente boca de una hija la puede apagar.

Los hijos, por mucho talento que tengan, no lo conseguirán jamas, porque es preciso el delicado instinto, el fino tacto y toda la gracia y poesía de la jóven, para apagar la sangre humeante que brota de las llagas del corazon y del amor propio, cuando se creen ultrajados.

¡Feliz el matrimonio donde hay una hija, una hija dulce, sensible, afectuosa; una hija que piense, y sobre todo que sienta! ¡Jamas llegarán á envenenarse las querellas! ¡Jamas dividirá á los consortes el abismo!

Si la madre es la firme base y la fuerte columna en que descansa la familia, la hija es el ángel custodio que la cubre con sus alas.

Coronemos á la madre de mirto y de laurel, y á la hija de rosas y azucenas.

III.

Pocos dias hace que una amiga mia, que acaba de casarse, me enseñaba una carta de sus padres.