Pero las hijas, en las que domina ante todo el sentimiento; las hijas, que por su condicion viven y crecen al lado de los que les han dado el sér, pueden en todas las situaciones y en todos los instantes probarles su amor y gratitud.

II.

Grande y noble es el ejemplo de amor filial que Isabel de Segura dió casándose con D. Rodrigo de Azagra, por conquistar unas cartas que éste poseia, y que encerraban la deshonra de su madre; y el poeta eminente que ha llevado al teatro la lastimera y tierna historia de Los Amantes de Teruel, ha dado el más grande interes á su obra, poniendo como base de la desdicha de Diego y de Isabel, el santo sacrificio de la hija á su madre.

Pero si la hija puede y debe en circunstancias excepcionales sacrificarse moral y materialmente por sus padres, no es ménos cierto que tambien puede en las naturales de la vida labrar su felicidad.

La mayor libertad que se nota cada dia en las costumbres, y la fe que se oscurece con esta misma libertad, hace que áun en las familias más unidas, áun en los hijos más tiernos se note cierto tono irrespetuoso y ligero, y cierta falta de atencion que las niñas excusan con la franqueza familiar.

Esto me parece, no sólo anti-cristiano, sino anti-social, y los padres deben poner el más grande cuidado en evitar el que sus hijos les falten al respeto y consideracion que les son debidos.

--¡No añadais, dice Silvio Pellico en su libro Deberes de los hombres, no añadais tristeza con vuestro modo de obrar, á las tristezas que doblegan las cabezas que el tiempo ha blanqueado! ¡Que vuestra presencia reanime á vuestros padres! Cada sonrisa que llameis sobre sus labios, cada movimiento de alegría que desperteis en sus corazones, será para ellos el más bello de los goces y descenderá sobre vosotros como un rocío bienhechor: Dios confirma siempre las bendiciones de los padres.

Esta bella exhortacion debe dirigirse con preferencia á las hijas, pues ellas son las que viven más inmediatamente al lado de sus padres, y las que más pueden alegrar su corazon, y distraerlos de sus pesares.

III.

No espereis, mis amables lectoras, á las ocasiones solemnes para probar á vuestros padres vuestro amor y respeto, porque éstas se presentan raras veces, y más de una existencia se pasa sin haber podido dar pruebas de abnegacion, á no ser en las pequeñas cosas de cada dia: no dejeis pasar esas ocasiones, y pagad vuestra deuda filial en pequeña moneda, por decirlo así, ya que no os sea dado hacerlo en grandes sumas, pues, si no, correis peligro de morir insolventes.