Desterrada ella misma, murió su padre, en tanto que sufria léjos de su patria la pérdida de su esposo y todos los dolores de una larga peregrinacion. Entónces su desesperacion no tuvo límites: volvió á Copelt, reunió todas las obras de su padre y las hizo imprimir, con un extenso artículo biográfico, escrito por ella misma, con la justificacion del carácter de Mr. Necker y de su vida privada.

La lectura de este opúsculo da á conocer el alma apasionada de Mme. Staël, y convence plenamente de que el sentimiento más profundo que se albergaba en ella era el amor filial: expresa en él, con la elocuencia de un vivo dolor, su amargo pesar al ver que su padre descendia á la tumba sin que los franceses hubieran apreciado su carácter noble y superior. Aquel escrito es un quejido del alma, herida en lo más vivo, que hace sufrir y excita el llanto: es indudable que la autora hubiera eternizado su nombre, áun cuando fuera ésta su única produccion.

IV.

De esta suerte Mme. Staël llevó hasta más allá de la tumba su admirable amor filial, y este sentimiento es acaso el que, tanto como su talento literario, ha hecho inmortal su nombre.

Desde la muerte de su padre, la Baronesa de Staël se dejó dominar por una profunda melancolía. Ni el amor de sus hijos, ni un casamiento más feliz que el primero, ni los halagos de la fortuna, nada pudo aliviar aquel profundo dolor en que su alma se hallaba sumergida.

Sus hijos recompensaron su ternura filial y fueron para ella modelos de cariño y de respeto.

Cuando ya el helado dedo de la muerte se apoyaba en su frente, Mme. Staël alzó los ojos al cielo y exclamó:

--¡Padre mio, voy á buscarte!

Este fué el grito postrero de aquel modelo de hijas.