Es decir, ¡qué burlona, qué franca en sus modales, qué propensa á la hilaridad, qué chistosa, en fin!
¡Libre Dios á las amigas de mi alma de semejante elogio!
¡Líbreos Dios de él, mis amadas lectoras! El pudor, la decencia, la cortesía, la amable y santa benevolencia, tienen reglas fijas, é infringirlas es muy perjudicial y muy triste.
Ningun hombre valiente, generoso, dotado, en fin, de cualidades sérias, es chistoso.
Ninguna mujer suave, dulce, modesta, digna y bien educada lo es tampoco.
Hay, sí, en algunas almas una cierta alegría serena y pura que jamas ve negro en los horizontes de la vida, que mira cada cosa por su lado mejor, y que no se deja abatir por las penas pequeñas y mezquinas; pero estas bellas almas están dotadas de una esperanza, de una resignacion, de una tranquilidad, de una dulce alegría que no excluye el sentimiento, y que está muy léjos de la grosera y vulgar alegría que produce el chiste. Yo he dicho en una Plegaria á la Vírgen, que acaso conoceréis algunas de vosotras...
La vida es buena: si en el bien se emplea,
Resbala alegre en la modesta casa;
Risueña corre en la pajiza aldea,
Vuela feliz si en la opulencia pasa.