Sí; la vida es buena para el que trabaja, para el que piensa, para el que ama, sobre todo; y el que se burla de cuanto conoce, ni ama, ni espera, ni es feliz, porque la burla deja en el alma un sabor amargo.

IV.

Triste tarea es buscar en todo el ridículo, que es como si dijéramos, el padre del chiste: verdad es que hay gustos tan puros y tan nobles, que al instante le advierten; mas tambien la amable benevolencia de carácter trae la indulgencia consigo y suaviza todo lo que es desagradable á los otros. El chiste, no solamente nota el ridículo, sino que lo busca donde no existe, y ridiculiza todo lo que hay de más noble y más santo en la tierra, sin que los espíritus celestes escapen siempre de su tijera envenenada.

Yo veo siempre al chiste envuelto en un vapor de sangre, porque sé que un chiste ha costado la vida á muchas personas y la felicidad á muchas familias.

Así, pues, mis amables lectoras, reprimid todo lo posible la propension que sintais á reiros de algunas cosas y á ridiculizar otras; respetadlo todo, excusadlo todo, admirad lo bello, que esto hace bien al alma, y cuando veais al mal, llorad en vez de reiros.

Sólo una cosa ahoga el ridículo, la sangre; la persona de figura más risible, si al entrar en un salon dispara un tiro al primero que vea se burla de él, adquiere en el instante la terrible majestad del crímen y de la venganza.

Un chiste puede traer un ridículo incurable, y por lo mismo puede causar la muerte de alguno.

Que vuestros puros labios no se manchen jamas con la risa burlona y con las chanzas atrevidas: todos los seres de la creacion merecen nuestro respeto, y el más abyecto merece nuestra consideracion, nuestra simpatía, nuestra compasion siquiera.

El ridículo no está en lo que miran los burlones: existe, á mi ver, en su perversion interna; hay aberraciones en el espíritu, como en el cuerpo hay dolencias; pero si provocan una sonrisa no deben hacer que nos cebemos con malignidad en los que las padecen.