Decia así:
--«Madre mia: Hoy me he tragado una á una las piedras que componian el brazalete de esmeraldas que te dió mi padre; no queria ver á otro hombre ocupando el lugar del que me llamó su hijo, robándome toda tu ternura.
«No queria tampoco que volvieras á ver esta alhaja, que hubiera sido para tí un remordimiento perpétuo, ni he podido dejarla abandonada, porque es para mí una reliquia... He guardado para el instante que dés el fatal sí la esmeralda mayor, y ella me ahogará, librándome de la odiosa carga de la vida.
«¡Adios, madre mia! ¡Sé feliz y perdona á tu hijo!--Gonzalo.»
¡La desgraciada madre salió demente de aquel cuarto, y un mes despues se la halló cadáver sobre la tumba de su hijo!
LAS ARMAS DE LA MUJER.
I.
En la época belicosa que atravesamos; en esta época en que se inventan cañones, fusiles, pistolas; máquinas de batir ejércitos, medios de arrasar ciudades y todo género de instrumentos destructores de la humanidad, como si la vida fuese tan larga y tan exenta de peligros; en esta época guerrera y valerosa, no parecerá extraño que yo haga tambien ostentacion de las armas de nuestro sexo, enumerándolas, elogiándolas y recomendando su uso constante, para defensa de nuestros derechos y de nuestro bienestar.
Nuestras armas son numerosas y fuertes, tan fuertes, que sabiéndolas esgrimir bien, y sobre todo á tiempo, el guerrero más temible, más audaz y más fiero depone su lanza, inclina la cabeza y pide gracia y misericordia.