¿Qué loca manía invade hoy las cabezas femeninas al querer dejar los privilegios del sexo débil, tan bien armado, tan seguro siempre de la victoria?

¿Por qué quieren ceñir el birrete de abogado ó de doctor, dejando las blondas y las flores que tan graciosamente coronan las blancas sienes de la mujer?

Con la blanda sumision, con la amorosa obediencia abdican todo su poder, y entregan las armas bellas que poseen.

Los hombres no las contarán como sus iguales; no es la ciencia y el estudio lo que da la energía del alma, la fuerza del carácter, y de poseer estas prendas, la mujer dejaria de serlo.

Yo no quiero parecerme en nada al sexo fuerte, y prefiero escudarme con mi debilidad á tener la terrible responsabilidad de la fuerza.

Obedecer es mucho mejor, más fácil y más dulce que mandar.

II.

Pasemos revista á nuestras armas, ¡oh, mis lectoras! y la que haya olvidado las suyas, que las prepare y las tenga prontas para el combate.

La dulzura es el auxiliar más poderoso para conquistar todo cuanto apetecemos: pues seamos dulces en todo, en el carácter, en las acciones, en la expresion del rostro, en las inflexiones de la voz, en la mirada y en la sonrisa.

Cuando un hombre se deja llevar por la cólera y se olvida de lo que se debe á sí mismo, una palabra dulce le desarma y una dulce mirada le avergüenza.