El contraste es la gran elocuencia y la gran leccion de la vida.
Una dulce sonrisa da las gracias con más verdad que una arenga, y una dulce inflexion de voz alcanza más que todas las instancias.
Todos los poetas han vestido sus canciones inmortales con el ropaje de la dulzura: ¿qué otra cosa sino su imágen son la Cordelia, de Shakespeare; la Cossete, de Víctor Hugo; Mme. de Tecle, de Feuillet, y Corina, de madame Staël?
La música, ¿nos encantaria si no hubiera en ella dulzura y sentimiento?
¿Amariamos las flores á no ser por su dulce perfume y su suave belleza?
El grato ambiente de la primavera ¿no parece reanimarnos con su penetrante dulzura?
Sí; la dulzura es lo más bello que se conoce y lo que ejerce un predominio mayor en nosotros, y con el manto de la dulzura se adorna todo lo que es inmortal; seamos dulces, aunque tengamos razon para estar resentidas, y mostremos sentimiento, pero cólera, jamas.
Julieta sedujo á Romeo por su inefable dulzura de carácter: así lo dice el poeta y así lo demuestra en la deliciosa escena de ¡Adios! que los dos jóvenes tienen á la aurora del dia que los separa para siempre, y en la que la amada dice al amante, para retenerle más, que no es la alondra la que canta, sino el ruiseñor el que se deja oir entre las sombras de la noche.
Habrá quien comprenda y ame á la mujer fuerte y enérgica, y yo siento no ser de ese número para amar de otro modo nuevo á la mujer; mas áun cuando la voy á buscar para admirarla al campo del pasado y entre las páginas de la historia, admiro más á la mártir de las oscuras penas del hogar doméstico que á las heroínas como Juana de Monforte y la Monja Alférez.
Bastantes hombres hay que derraman la sangre de sus semejantes.