Á las mujeres toca, no herir, sino curar, amar y bendecir.
III.
La resignacion es otra de las armas mejores, y á la vez una de las santas coqueterías de la mujer.
No es la falta de sentimiento; es el sentimiento mismo, domado, suavizado, embellecido, por decirlo así, con la dulzura y la paciencia.
No hace mucho tiempo que reconvenia yo á un hombre de mérito que, casado con una bella jóven, hacía la córte á otra mujer no tan bella.
Hacíale yo notar que no ganaba en el cambio, y me respondió:
--Usted se engaña, amiga mia, gano y mucho; mi mujer tiene un carácter insoportable, y en casa de esa persona descanso de oirla quejarse de todo; justamente esa otra no se queja de nada.
--Porque le quiere á V. ménos.
--Pues desearia que mi mujer no me quisiera tanto, y sería más feliz; cariño que se expresa mortificando, no sirve para nada.
--¿Y no le remuerde á V. la conciencia de ser infiel á su mujer?