--Absolutamente; pasaria muy malos ratos si la viera resignada y triste, pero dulce; mas ha tomado un camino que me absuelve; se enoja, se encoleriza, y me creo en paz con mi conciencia en atencion á lo que me hace sufrir.
--Si ella supiera que le era V. fiel, no estaria incomodada.
--Lo estaba lo mismo cuando yo lo era; lo ha estado siempre y siempre lo estará; así es que tanto me sirve obrar bien con ella como obrar mal, y no veo la razon de por qué no he de ser yo feliz, haciéndome ella tan desdichado.
¡Cuánto hubiera ganado aquella pobre mujer por medio de la dulzura y de la resignacion!
No hay hombre de corazon tan duro que al ver sufrir á su esposa silenciosa y noblemente por sus extravíos, no se avergüence de ellos y no procure corregirlos.
La cólera exaspera al sexo fuerte; semejante al clarin del combate, convida á la batalla y hace desafiar todos los peligros.
La resignacion es una hija del cielo, tan hermosa, tan dulce, tan benéfica, que en el alma de la criatura más afligida, más infeliz y más perseguida, derrama la tranquilidad y el bálsamo del consuelo; no hay pena que no dulcifique, ni herida cuyos dolores no alivie.
IV.
Réstame hablar de la más bella de nuestras armas; del puñalito con cabo incrustado de pedrería y delicadamente cincelado; del primoroso juguete cuyo resplandor atrae y seduce.
Esta es... la coquetería.