--Tambien es cierto: y al obrar así, miro por mi tranquilidad: no me aconsejes la desesperacion negra, sombría y desolada: déjame para alivio la benevolencia, esa suave hija del cielo que cobija mi sueño con sus alas, que hace dulces lágrimas de los raudales de mi amargo llanto: siendo indulgente y generosa, soy ménos infeliz.

SENSIBILIDAD Y SENSIBLERIA.

I.

¿No os ha llamado la atencion alguna vez, lectoras mias, la errada manera con que generalmente se juzgan en el mundo, no sólo las acciones, sino hasta los sentimientos?

Raras, rarísimas veces se da á las cosas el nombre que les corresponde, y esa terrible opinion pública, á que tanto y con tanta razon tememos todos, tiene ordinariamente un punto de vista que no puede ser más equivocado.

Se llama, por ejemplo, bondadosa, á una persona que sólo es amable; dulce, á la que no se cuida de que el mundo se desplome; cariñosa, á la que hace algunas zalamerías de rutina, sin pensar jamas en las desgracias ajenas; prudente, á la que deja ofender con una cobardía indigna á un amigo ausente; indulgente, á la que mira con indiferencia los yerros y áun las faltas de las personas que deben serle más amadas, y así se juzga de todo lo demas.

Por lo que toca á la mujer, la opinion pública anda aún más descaminada: la modestia y áun la dignidad se toma muchas veces por escasez de inteligencia, al paso que se da el nombre de talento á la osadía para hablar de todo, bien ó mal.

Pero dejando las várias equivocaciones que tanto daño hacen al sexo débil, vengamos al asunto que es objeto de este pobre artículo; es decir, á la definicion de una especie que abunda mucho y que merece ser conocida.

Voy á hablar de las sensibles y de las sensibleras, y quisiera hacerlo de un modo que aquéllas y éstas quedasen en el lugar que les corresponde, para que no se pudieran confundir en adelante como hasta hoy.