--Porque le amé, respondió la pobre ofendida.
--¿Y hoy le amas?
--Ya no.
--¿Por qué dejas que te arruine?
--Porque le amé.
--Si á lo ménos dijeras que áun le quieres, tendriais disculpa en tu debilidad.
--Pero mentiria: ya no le quiero; y no obstante, le quise tanto, que el recuerdo de aquel amor basta para que le perdone.
--Lo que tú buscas siempre es motivo para no acusarle.
--Es verdad.
--Y cuando no encuentras motivo, hallas pretexto.