Todo lo bueno es poético y bello, y la mujer ha recibido de la naturaleza la mision de sembrar con flores los eriales de la vida; mas para que la cumpla es preciso que desde muy temprano se procure elevar su entendimiento, y se la enseñe el amor de lo bello en lo moral, en lo intelectual y hasta en lo físico.

Se ve muchas veces á una jóven dulce, poética, elegante, casi ideal ántes de casarse, convertirse despues de casada en una mujer colérica, prosaica y vulgar, y no hace mucho tiempo que sostuve yo con una amiga mia el diálogo siguiente:

--¡No te conozco! ¿Qué genio maléfico te ha vuelto tan descuidada, no sólo para tu casa, sino tambien para tu persona? ¿Quién te ha cambiado así?

--¡El fastidio!

--¿Te aburres?

--¡Mortalmente! ¿Para qué violentarme ya? Mi marido sólo está en casa á las horas de comer y dormir, y no repara en que la casa esté peor ó mejor arreglada; la he dejado al cuidado de los criados.

--¡Yo sé que ántes él enseñaba su casa con cierto orgullo á sus amigos!

--No merece la satisfaccion de ese orgullo el que yo me moleste cuidando de mil detalles fastidiosos.

--Y sin embargo, querida Julia, esos detalles son los que, á semejanza de las ligaduras invisíbles de Gulliver, sujetan á los hombres á su hogar.

--No lo creas; no reparan en esas pequeñeces.