II.

Es muy comun en el mundo hacer juicios errados y equivocar lo que es consecuencia de altas cualidades del espíritu con defectos de carácter.

No hace mucho tiempo que oia yo á unas jóvenes quejarse de que su madre tenía mal genio, y esto lo oia por la milésima vez.

Nunca habia querido discutir con aquellas personas, temiendo que acaso no comprendiesen lo que iba á decirles; mas la acusacion esta vez me pareció más injusta que otras, ya por la particular disposicion de mi ánimo, ya porque era más claro el error de aquel aventurado juicio.

--Vuestra madre, dije, no tiene mal genio, y vosotras la juzgais con injusticia.

--¿Pues no ves, me respondieron, cómo se enfada? ¿Nos podrás negar que su carácter es impaciente?

--No, porque lo es.

--Y el ser impaciente, ¿no equivale á tener mal genio?

--Es muy distinto; vuestra madre se impacienta porque la herís; porque es excesivamente sensible, y porque la lastimais de contínuo. ¿No habeis reparado que la menor palabra vuestra la tranquiliza y la aplaca? Pues el carácter que se doblega así no es malo.

--¿Querrás decir que lo tiene dulce?