II.

La caridad es un deber para todos, pero este deber se convierte en una satisfaccion muy dulce para la mujer, porque es innegable que la mujer ha nacido con un caudal más rico de sentimiento que el que ha sido otorgado al hombre.

El destino, la principal ocupacion de la mujer, es el amor. ¿Y qué otra cosa es la caridad que un amor grande, generoso y purificado?

El cálculo y el trabajo constituyen la vida del hombre: la de la mujer está consagrada, como ya dije, al amor.

La caridad debe ser, pues, una ocupacion en la mujer, por avenirse mejor con su organismo y con el destino que el cielo la ha deparado sobre la tierra.

Á la mujer que reciba en su pecho á esa bella hija de la religion, Dios la colmará de dicha y de prosperidades: con la caridad vendrán la esperanza y la fe, y su vida será feliz y estará exenta de pesares, pues no hay dolor que no endulcen esas hijas del cielo.

¡Feliz aquélla que las abriga bajo su techo!

¡Feliz la que consiga que se reclinen en las cunas de sus hijos!

¡Feliz la que les rinde el amoroso culto que merecen!

Las malas pasiones no desgarrarán jamas su seno; la felicidad no se apartará de su hogar, porque la felicidad reside en nosotros mismos, y sólo una conciencia pura puede darla.