Estas tres cosas son: callar, escuchar y esperar.

¡Callar! ¿qué elocuencia hay en algunas ocasiones, comparable á la dignidad, al dolor ó al desden del silencio?

¡Escuchar! ¿dónde hay complacencia más amable que la de oir pacientemente los proyectos de un sabio, las esperanzas de un poeta, ó las quejas de un desgraciado?

¡Esperar! ¡cuántas dulzuras encierra esta palabra! ¡qué consuelo para las penas! ¡qué grato y poderoso antídoto para la impaciencia!

Estos tres grandes recursos los posee el verdadero talento; se doblega sin humillacion, acaricia para conseguir, y le sirven, no sólo para las cosas grandes, sino tambien para lo que se llama pequeñeces, y que en la vida de la mujer ocupan tan gran lugar.

El verdadero talento se aviene á todo, se doblega á todas las situaciones, y pone constantemente en práctica esta gran verdad de un gran escritor.

«Se debe aceptar de buen grado todo aquello que es irremediable.»

La familia, la amistad, el hogar doméstico, la fortuna, todo gana, todo está bien conducido, todo está floreciente, todo está bien y bellamente ordenado, cuando la mujer posee, no el talento que brilla, que deslumbra y que se agita, sino el bello, el grato, el tranquilo y modesto, en fin, el verdadero talento.

LA TIMIDEZ.