No he vuelto á saludar á aquella mujer: hay una clase de timidez inofensiva que me compadece: hay otra culpable y que es sólo ruin pusilanimidad, que me indigna y que desprecio.

LAS PEQUEÑAS VIRTUDES.

Los negocios domésticos, los deberes

sociales, los estudios, las facultades

del espíritu y del corazon, ofrezcamos

todo esto á Dios: mi querida

señora, sed amable para él, humilde

y paciente por él, y tendréis un

tesoro de horas afortunadas; no de