Quédense para el sexo fuerte las grandes, las que producen acciones heroicas que se esculpen en bronces y en mármoles. El brioso alazan necesita la inmensidad para lanzarse en la brava carrera: el cisne necesita sólo el dulce y límpido lago, y el pajarillo la embalsamada y escondida floresta: así nosotras, tanto ó más que las relevantes cualidades, mucho más que la ciencia y la grave y sólida instruccion del espíritu, necesitamos rodearnos de las pequeñas flores del Evangelio, abiertas bajo los pasos de aquél que fué dulce y humilde de corazon.

Paciencia, dulzura, indulgencia, afabilidad, cortesía, olvido, ignorancia de la falta de los otros, caritativa condescendencia para las debilidades de los demas, yo os llamo desde lo íntimo de mi corazon para que hagais mi vida apacible y feliz.

Fuerza es que yo lo confiese; las grandes virtudes, tales como en general se entienden, me han asustado mucho siempre, y áun más el aspecto de los que las practican, porque las personas de gran virtud se me han presentado constantemente ceñudas, mal vestidas, mal peinadas, regañonas é intolerantes.

¡Cuántas dulces y pequeñas virtudes he visto ocultas, por el contrario, bajo la graciosa apariencia de la belleza y la elegancia!

--Esa es una persona de gran virtud, he oido asegurar algunas veces; yo me he vuelto llena de aquel amor y veneracion que profeso á todo lo bueno, y me he hallado con una mujer fea, flaca, vestida de mala manera, huraña, regañona, con el traje roto y descuidado.

--Está sólo dedicada á servir á Dios, me han dicho, y su desprendimiento de las cosas terrenas es profundo y absoluto.

--¡Y qué! exclamé yo un dia con la ingenuidad de doce años que contaba entónces, ¿porque se sirva y se ame á Dios se ha de vestir así? ¿Impone su servicio por librea la miseria y la fealdad? Yo he leido en mis libros de estudio, que los antiguos coronaban de flores los blancos becerros y los hermosos corderillos que sacrificaban á sus dioses: ¿merece ménos nuestro Dios que aquéllos ídolos? ¿Merecen ménos tambien sus servidores que aquellos animales?

Debo confesarlo: nadie halló que responderme; pero la servidora del Dios de bondad y de misericordia me echó una mirada de cólera y de encono, y oí salir de entre sus labios, pálidos y secos por el ayuno, el dictado de chiquilla insolente con que me regalaba.

II.

--¡Parece, continué yo riéndome de la horrible cara que me puso, parece que sólo se ofrece á Dios lo que el mundo ya no quiere, lo peor y lo más feo! ¡Todas las mujeres excesivamente devotas son solteronas viejas ó que se han vuelto muy feas, y á mí me parecen criadas del diablo! Jesus es muy hermoso: su madre es hermosísima, y se deben disgustar de los santurrones de ambos sexos. Y luégo, yo sé, porque lo dice la Historia Sagrada, que Abel elegia para el altar del Señor sus más bellos y sazonados frutos, sus más frescas y perfumadas flores: estos dones los consumia la llama divina, y los de Caín quedaban intactos, porque llevaba al altar lo peor que tenía. ¡Luego esta señora se parece á Caín, pues no se dedicó al Señor cuando era jóven y bonita, sino ahora que ya no es lo uno ni lo otro!