LE preguntó al Señor: ¿con qué arcilla amasaron
Esta existencia mía? Y con voz apiadada
Díjome: ¿No lo sabes? En tu arcilla mezclaron
Una lágrima mía. ¡Oh tu privilegiada!
Y volviendo a inquirirle: ¿con qué óleos ungieron
Este cuerpo inmanchado? Y su voz animada
Me dijo: de la savia del Todo te extrajeron
La mirra de los reyes, ¡oh tú la muy amada!
Y con fervor intenso, con grave reverencia,
Anegada en el éxtasis de su magnificencia.
¿Qué vertisteis en mi espíritu? le dije prosternada,
Y quiso responderme: ¡que sepan los mortales
Que esencia de mi espíritu te di. En eternales
Gracias de amor tu fuistes la gran santificada!
¡Soy tu sierva Señor! Para eso fuí creada!