¡Amad, daos de lleno, que florezca en la tierra
Una eterna sonrisa; y sea ella el jardín
Y vosotros las flores! La tierra en primavera
Eterna de dulzura y de un amor sin fin.

Porque el Señor dispuso que en la vida el humano
Conciliar pueda un día con toda majestad
El ideal supremo. Más, si esto fuera en vano,
Sepultaría el mundo en honda eternidad.

Estas son las palabras que con sabiduría
Y con gracia infinita me ha vertido el Señor.
Yo, al par que las convierto en mi norte y mi grúa,
Os las anuncio, hermanos, como un acto de amor.

Os la anuncio, hermanos, y naciones del mundo
Mis labios os transmiten la anhelada visión.
¡Oíd, grandes, pequeños, este humano y profundo
Himno de amor y gloria, de santa redención!

SOLO EL CIELO

Para C. Vega Belgrano

PASA el viento silbando,
¿qué querrá con su aullido
El buen viento?

Brama el mar con su oleaje,
¿Por qué sigue sondeando
El abismo?