Vos, Dios mió, le hicisteis casi
igual a los ángeles, le adornasteis con
los dones más gloriosos de naturaleza
y gracia, y le establecisteis en la
tierra sobre todas vuestras obras.
(Salmos de David. Salmo 8)
DIOS en mí ha encendido la más sagrada llama,
Poder indestructible del tiempo que la inflama.
Dios en mí ha vertido tantos dotes humanos,
Que a través de los siglos se tornan sobrehumanos.
El en mí ha infiltrado la más gran maravilla:
Vibrar con toda vida, brillar con lo que brilla;
Con todo lo que canta, que llora, ríe o gime;
Con lo desconocido, esta verdad sublime
Del eterno misterio, cercano o infinito;
Con el día y la noche, con su sagrado mito.
Con el júbilo intenso de toda la esperanza;
Con la fe que nos guía con inmensa confianza
Hacia el poder grandioso de Tu reinado abstracto,
Que siempre se prodiga y queda siempre intacto..
Como toda alabanza, como toda canción,
Haré de mí Tu obra de glorificación.
Incrustaré en mi vida Tu gran magnificencia,
Que es la virtud divina de toda quinta esencia.