—¡Hágase la voluntad del Señor! respondió el taimado físico con solemne entonacion; é inclinando la cabeza, el recojimienio en que quedó pareció anunciar el fin de sus predicciones.
—Condestable, dijo el rey despues de una ligera pausa, mañana dispondreis que la corte se reuna. Quiero recibir á los embajadores del Tamorlan y del rey de Francia. Abenzarsal, ayudadme á entrar en mi cámara: mis fuerzas se debilitan, y despues de la agitacion de esta noche necesito que las restaure un sueño reparador.
Llamó el condestable á los camareros de su alteza, y abriéndose las puertas de la estancia en que dormía, despidióse de él el primero: el rey de alli á poco, apoyado en el brazo de su físico favorito, desapareció, volviéndose á cerrar las hojas de la puerta, y quedando aquella parte del regio alcázar sumida en el mas profundo silencio.
CAPITULO XVII.
Yo os repto los zamoranos,