—Podrian ser las cuatro, si dicen las horas las estrellas.

—¿Las cuatro? A esa hora... ¿no habeis visto á la entrada á Ferrus?

—Ojalá, señor, que hubiera visto á Ferrus: algo peor es lo que be visto.

—¿Peor? esplicaos presto.

—Y peor lo que he oido.

—¿Habeis oido?

—Volvia, señor, de la batida, como me dejastes mandado, á la cabeza de los caballeros y monteros de tu casa; al llegar al alcázar, habíame adelantado algun tanto para hacer la señal de que nos echaran el rastrillo, cuando creí oir hácia cierto punto del alcázar, pero de la otra parte del foso, un laud asaz bien templado.

—Seguid, Vadillo.

—Parecióme mal que á tales horas se diesen serenatas hácia la parte precisamente del alcázar que habita...

—Seguid.