—¿Estais seguro?

—Como estoy vivo.

—¿Quién puede entonces...?

—No puede ser, dijo Ferrus, sino...

—La sombra de la condesa, concluyó Vadillo.

—¿La sombra de la condesa? ¡Esa es buena! esclamó soltando una estrepitosa carcajada don Enrique de Villena.

—¿Te ries, señor?

—¿No he de reirme si habeis perdido entrambos la cabeza?

—Ah, señor, repuso Vadillo, veo que si yo contara un sueño... En fin, quiero que me hayais referido de la condesa la pura verdad. ¿Estais seguro de que el encargado de...?

—Delirais, Vadillo, delirais. Verdad es que ahora pierdo yo el hilo de mis observaciones, y no sé... Puesto que decís que estais seguro de haber visto á vuestra esposa, confieso que no entiendo... De todos modos es necesario que vayais á buscar al astrólogo: os aguarda para darme una razon que espero con ansia. ¿Os atreveríais, ya que vais, Vadillo, á averiguar quién sea la tapada? ¿Tendríais resolucion...?