Concluida esta imprecacion hicieron otro rebusco por si á una parte ú otra podrian encontrar vivo ó muerto al escudero. Y yendo apoyado Macías en su fiel montero por el dolor que empezaban á causarle las heridas, tomaron en seguida el camino de Madrid, por el cual ningun vestigio habian dejado los de los caballos, si es que por él habian pasado.
CAPITULO XXIII.
¿Qué mal teneis, caballero?
¿Querédes me lo contare?
¿Teneis heridas de muerte?