Mucho os ruego de mi parte

me lo querais otorgar,

pues que de nigromancía

es vuestro saber y alcanzar,

que me digais una cosa,

que yo os quiero demandar.

La mas linda muger del mundo

¿dónde la podria hallar?

Rom. de Roldan y Reinaldos.

La situacion de los principales personages de nuestra historia era bien precaria. No hablemos de la infeliz condesa de Cangas, á quien no pudimos menos de abandonar á su triste suerte. Aun entre los que en el dia ocupan nuestra atencion, habia mas de uno que no tenia motivos para estar contento con su estrella. Elvira en primer lugar llevaba continuamente clavado en el corazon el dardo que se ahondaba mas mientras mas esfuerzos hacia por arrancarle, y tenia no pocos motivos de inquietud y melancolía. La falta de la condesa, á quien echaba menos entonces mas que nunca, le recordaba sin cesar que tenia pendiente una acusacion, en el éxito de la cual se hallaba comprometida no solo la vida del hombre á quien no podia menos de amar, sino la suya propia, pues era condicion de tales juicios que habia de morir el acusado ó el acusador, si no en el combate, despues de él. Elvira se hallaba libre en su cámara, pero lo debia á la buena opinion que habia merecido siempre en la corte. Luego que se habia dado á conocer á Abenzarsal, y éste habia espuesto á su alteza sus circunstancias y las causas particulares que la obligaban á guardar secreto, se la habia dejado en libertad bajo su palabra, con la única condicion de haberse de presentar en el juicio, como acusadora, el dia que su alteza tuviese á bien señalar, dia que se retardaba ya demasiado, segun lo que solia en tales casos practicarse. El vulgo de las gentes sobre todo, que no habia podido dar esplicacion ninguna á la acusacion y circunstancias de la tapada, no sabia á qué achacar semejante tardanza, sino era á las brujerías de don Enrique de Villena. Mientras tanto no era menos cierto que Elvira debia estar en la mas cruel espectativa. La conducta de su esposo era incomprensible al mismo tiempo para ella: nunca le habia dicho una palabra del encuentro en la cámara del astrólogo: semejante reserva, agregada á aquella tristeza misteriosa que le habia dominado hasta el dia en que habia recibido la orden de caballería, manifestaba que tenia oculto algun proyecto, idea que no podia menos de hacerla temblar.