—¿Y bien? ¿quereis que me ria en vuestra cara de esa locura? ¿no os enojais ahora porque...? yo creí que teníais muy sabido...
—Sí, sabido, sí; ¡pero ay del que se complazca en repetírmelo!
—En buen hora. ¿Queríais que esa muger, cuyas perfecciones adorais...?
—Entiendo, entiendo.
—Sed mas confiado, señor, y menos impaciente. Vos mismo la hubiérais apreciado en menos, y eso las mugeres lo saben. Quieren ser premio de la victoria, pero de una victoria reñida, porque cuando son vencidas, doncel, ellas mismas hallan disculpa á su flaqueza, disculpa que no encontrarian si no se defendiesen. Las menos virtuosas, Macías, quieren parecerlo hasta á sus propios ojos. ¿Qué será, pues, las que realmente lo son?
—Sí, pero no confundais á Elvira con...
—En buen hora, doncel. Si os habeis prendado de un ángel, id á consultar ángeles: yo solo conozco el corazon humano.
—Judío, ¿y qué me aconsejais?
—¿Necesitais consejos despues de lo que os he dicho?
—¿Es posible? Ah, padre mio, no me hagais entrever la felicidad para arrancármela despues mas amargamente de entre las manos. Si mi constelacion...