—Las constelaciones, doncel, mandan que tengamos frio en el invierno, y sin embargo, si os sumergís en un baño de agua caliente en el corazon de enero, ¿no habreis de sudar?
—¡Cierto!
—Andad, pues, y venced, si podeis vuestra constelacion. Ella se os anunció funesta. Hacedla vos venturosa.
—Esplicaos mas claro, padre mio... ved que...
—Doncel, os he dado cuantas esplicaciones puedo daros. Recapitulad mis palabras, y partid. Solo os añadiré, y ved que no os hablo mas en el asunto, que para vencer es fuerza pelear, por mas que muchos que peleen no venzan. Vuestra constelacion es funesta; en vuestra mano está, sin embargo, vencerla. Confianza y audacia. A Dios.
—¡Confianza y audacia! salió diciendo Macías. ¡Santo Dios! ¿será mia? ¿será mia alguna vez? Dos lágrimas, hijas de la terrible emocion y de la alegría que henchía su corazon, surcaron sus encendidas mejillas. Desde entonces el audaz mancebo revolvió en su cabeza cuantos medios podian ocurrírsele para tener una entrevista con Elvira; desde entonces no vió mas que á Elvira en el mundo; y desde entonces pudiera haber conocido quien hubiera leido en su corazon que Elvira ó la muerte era la única alternativa que á tan frenética pasion quedaba.