CAPITULO XXVII.
Eres muger finalmente.
Rom. de Zaide á Zaida.
Jaime, decia una mañana Elvira á su page, que sentado á sus pies la miraba de hito en hito con ojos ora tiernos, ora indagadores; Jaime, ¿te habló hoy Fernan Perez á tí?
—¿A mí? prima mia, ya sabeis que no soy santo de su devocion; siempre que me ve hablando con vos mas de lo regular, hay motivo bastante ya para que tenga mala cara un dia entero. Sin embargo, nunca le hice mal alguno; antes le deseo mucho bien, porque os lo deseo á vos. Con que si no os ha hablado, lo que es á mí...
—¡Ah! tampoco: no sé qué secreta melancolía le devora desde la noche...
—Sí, aquella noche en que...
—No la recuerdes: mi falta de confianza acaso... el paso que dí... si llegó á cerciorarse de que era yo...
—Pudiera ser; pero me parece que tiene alguna cosa mas.