do no salga si quisiere.
Marques de Santillana. Querella de amor.
Algunas horas hacia ya que la noche habia tendido sobre nuestro hemisferio su tenebroso velo. Ningun ruido sonaba en la campiña, ni en las solitarias y tortuosas calles de la villa de Madrid. Solo en el alcázar se veían brillar en algunas habitaciones mas luces de las que solian comunmente arder á semejantes horas: oíase desde la calle un rumor sordo y lejano, que se desprendia del altísimo edificio, bien como se desprenden de la tierra los vapores en una mañana clara de invierno. Un caballero acababa de bajar triste y taciturno la escalera principal del alcázar: su trage indicaba que salia del brillante sarao que arriba se oía; su desasosiego, sus pasos vagos y sin direccion, indicaban el desorden y la indecision de sus pensamientos.
—Sí, volveré, decia hablando consigo mismo, volveré: ella misma lo decidió. ¡Importuna danza! ¡ruido mil veces mas importuno! ¡Mientras mas gente, mas solo!
Cativo de mi tristura,
de mí todos han espanto:
preguntan, ¿cuál desventura
hay que me atormente tanto?
¡Inútiles esfuerzos! ¡talento estéril! ¿De qué me sirves, de qué? ¡Ni mis palabras la vencen, ni mis trovas la mueven! ¡Elvira!
¡Ah! te place que mis dias,