yo fenezca mal logrado,
muy en breve;
Pues que al infeliz Macías,
es tu pecho despiadado,
tan aleve.
Despues de repetir esta endecha tristísima de una de sus composiciones, apoyóse el trovador desdichado contra la alta muralla del alcázar, donde se encerraban todos sus deseos. Poco tiempo podia hacer que estaba sumergido en la mas profunda meditacion, ora recordando las contradictorias pruebas que de cariño y odio le habia dado su señora, ora repitiendo vagamente y con profunda distraccion fragmentos sueltos de las chanzones que le habia inspirado su desgraciado amor, cuando una mano se apoyó sobre su hombro con estraña familiaridad.
—¿Quién eres, preguntó airado, el que osas perturbar la meditacion del que desea estar solo?
—Quien os ha visto salir: quien compadece vuestra pasion: quien os ha de consolar en ella: quien sabe de vuestros asuntos tanto como vos, sino mas, repuso el desconocido.
—¡Ah! judiciario, dijo Macías reconociendo al físico Abenzarsal que habia salido tras él del bullicioso sarao. ¿Qué se hicieron tus predicciones, y qué tu vana ciencia? ¿Dónde está mi felicidad, dónde?
—Mas cerca acaso de lo que presumes, hombre incrédulo.