—¿Qué decís? esplicaos. ¡Ah! si alguna vez os han engañado; si sabeis, padre mio, lo que es esperar lo que nunca llega, y creer lo que nunca sucede, no os burleis de mi necia confianza. Ved que lo creo todo, porque todo lo deseo.

—¡Silencio! ¿Conoceis una reja alta que da sobre el terraplen y el foso, hácia la parte del alcázar que mira al soto del Manzanares?

—¿Qué me quereis decir?

—Oid. La reja se abre. Hé aqui su llave.

—¿Su llave? ¿Para qué?

—¿Para qué preguntáis? ¿No os sirve, pues?

—¡Ah! dadme, dadme acá. Decidme, ¿de quién, para quién la teneis?

—No os importa. ¿Conoceis su letra?

—¡Desdichado! ¿De qué la habria de conocer? Si tanto sabeis y adivinais...

—Bien: no importa. Miradla aqui.