—Su letra, Abenzarsal. ¿Es magia esto, es magia? ¿Deslumbrais mis sentidos por ventura con los artes de vuestra pérfida profesion?
—Leed y callad, añadió el astrólogo sacando de debajo de su ropa una linterna, cuya luz proyectó sobre un pergamino que le dió al mismo tiempo.
—¡Dios mio! dijo el doncel acabando de leer. ¿Es ella, lo sabeis, es ella la que escribe estas breves palabras?
—No: soy yo si os parece, dijo afectando enojo el pérfido viejo: á Dios; puesto que no quereis ser feliz, no os quejeis despues.
—¡Ah! no: venid: perdonad, señor, si el esceso mismo de mi felicidad... ¿Es posible...?
—¡Ea! dejad vuestras pueriles esclamaciones. El tiempo corre. Partid. No convendria que nos viesen juntos. Sabeis que el hidalgo está con su alteza. A Dios.
—Escuchad; teneos. ¡Un momento! dijo Macías; pero hablaba solo ya: el astrólogo habia desaparecido con indecible presteza. ¡Qué confusion! prosiguió el doncel. ¡Tanta felicidad, Dios mio! Corramos: mas no. ¿Quién sabe los sucesos que me esperan esta noche? Sé que mi constelacion me es contraria. Quiero buscar mi espada: con ella al lado, nadie, nadie podrá estorbar mi felicidad.
Dirigióse, dichas estas palabras, el animoso doncel á su habitacion, y ciñó su espada cubriendo con un tabardo oscuro de belarte su elegante vestido, que no podia menos de haber llamado la atencion de cualquiera que á aquellas horas se le hubiera notado, en el parage sobre todo donde él pensaba que podria tener que esperar un instante propicio para su dicha.
Volvia á bajar la escalera del alcázar para salir al campo lo mas presto posible, y antes de que se hubiesen cerrado las puertas de la villa, cuando un encuentro inesperado le detuvo, no tan á su pesar como podria parecerle á primera vista al que no supiese que el que hacia variar de aquella manera su primer pensamiento, era nada menos que el mismo, mismísimo pagecillo Jaime, á quien tan apurado y comprometido dejamos por causa del doncel en uno de nuestros últimos capítulos, que acaso no habrá olvidado todavia el lector.
—¡Jaime! dijo Macías.