—En buena hora; que entren, dijo Rui Pero al ballestero, quien se fue á cumplir la orden.

—¡Voto va! añadió Ferrus; eramos dos y seremos cuatro. Aun queda vino en esa vasija para otros tantos, y los padres no se desdeñarán de hacernos un rato de compañía, yendo sobre todo de camino. Todo el peligro que podemos recelar de los santos varones, señor camarero es que nos echen algun sermon en latin que no entendamos: y asi como asi, dentro de un rato ya no nos íbamos á entender nosotros dos segun la faena que damos á nuestras copas.

Una carcajada de Ferrus al concluir estas palabras probó que todavia no habia perdido la costumbre, que se habia hecho en él naturaleza, de decir bufonadas á todo trance, á pesar de su nueva dignidad.

De alli á poco entraron humildemente en el salon dos reverendísimos padres, cuyos hábitos derramaban á hilos el agua, como un paraguas espuesto por gran rato á la lluvia, y que se arrima á un rincon á medio cerrar.

Saludáronlos cortesmente nuestros dos amigos, y despues de los primeros cumplimientos los invitaron á que se acercasen para secar sus hábitos al hogar, donde quedaron mirándose unos á otros largo espacio los dos opuestos alcaides y los dos bien avenidos frailes.




CAPITULO XXXV.