Diéronse luego sus gages,
y en el campo entrado habian.
Procuran de se matar
muy cruel batalla habian.
Sepúlveda, Rom.
¿Pararemos aqui, si os parece? decia deteniendo su mula á la puerta de la hospedería de Andujar un hombre de quien ya hemos dado una pequeña muestra en la cena á oscuras que describimos en capítulos anteriores.
—Como gusteis, repuso su compañero de viaje, á quien solo por su muletilla favorita habrán conocido ya nuestros lectores.
—¡Ah, de la hospedería! ¡Buena gente!
—¿Quién es la buena gente? replicó una voz agria y descompasada, semejante al desapacible chirrido de una chicharra, la cual salia del endeble cuerpo de una vieja mal humorada que acababa de asomarse á una fenestra. No hay posada.
—Como gusteis, replicó apeándose Nuño; pero reparad, buena Beatriz, que somos, es decir, que soy vuestro compadre el de Arjonilla...