Dos largas horas pasaron en tan cruel espectativa. Impacientábase ya el concurso como si hubiera pagado el dinero por su asiento, y como si fuese aquella una funcion que estuviese ya su alteza obligado á darle, solo por el hecho de haber él concebido esperanzas de presenciarla. Circunstancia que prueba que el público de Andujar en el siglo XV se parecia á los públicos de todas las épocas y paises. Habia consentido en recrearse con los furibundos mandobles y reveses del combate: habia contado con una diversion, porque generalmente las calamidades particulares son diversiones públicas, y la diversion no llegaba. Comenzaba á levantarse ya un sordo murmullo de descontento y desaprobacion; quien hablaba contra Macías, caballero aleve y descortés que se habia ofrecido al socorro de una dama para faltar despues á su palabra y su fé; quien se indignaba contra Villena achacando á sus cobardes maleficios la desaparicion del pundonoroso doncel.
Habian ganado terreno en este tiempo Nuño y su compañero, portador de las letras, que segun sus propias espresiones le habia confiado Peransurez para el justicia mayor: ora sirviéndose de la persuasion, ora de sus codos, habíanse abierto paso poco á poco hasta llegar á colocarse cerca del tablado de los jueces, dando la vuelta al palenque. Atraido un faraute á las voces de Nuño, no pudo menos de acudir á ver qué pretendia aquel palurdo; espúsole entonces el montero como tenia dos palabras que comunicar á su señoría al justicia mayor.
Miróle de alto abajo el faraute, y como le vió tan mal parado,—No es ocasion, villano, le dijo, de pedir justicia. Id mañana á la audiencia.
—Ved que no es justicia lo que á pedirle vengo, ni son asuntos mios los que tengo que comunicarle.
—¡Calle el villano! repuso el faraute con enojo. ¿Qué asuntos traerá él con su señoría, sino es alguna querella contra el tabernero de la taberna del rincon?
—¡Voto va, señor faraute! replicó el montero al verse tan injustamente maltratado, que le enseñe yo á hablar antes de mucho...
—¡Favor al rey! gritó el faraute.
—¿Favor al rey? pícaro, contestó el montero montado en cólera, ¿sabes tú, jabalí del soto mas que faraute, que lo que tengo que hablar á su señoría interesa acaso al mismo combate que debia hoy verificarse, y vale de seguro mas que tú, y todas las bestias feroces de tu especie?
Una carcajada del faraute, y un golpe que con la vara de su insignia dió al montero, acabaron de indignar á éste, é iba á precipitarse ya sobre su antagonista, cuando un grandísimo rumor de voces y de aplausos resonó por toda la plaza.
—¡Dejadnos ver, dejadnos oir! clamaron á un tiempo mas de veinte curiosos de los que hasta entonces se habian entretenido con la disputa del faraute y del montero. A esta interrupcion inesperada se volvieron las cabezas de todos hácia el parage donde sonaba el mayor alboroto.