que á no mirarla ellos
todo este mal se escusaba.
No mireis, justo señor,
su pecado; pues le paga
el cuerpo que lo tal hizo
á ella haced librada.
Rom. del rey Rod.
Luego que Fernan Perez se hubo repuesto algun tanto de su primer asombro volvió los ojos hácia su señor, y viendo lo mal parado que estaba entre los suyos, llegóse á él con aire resuello.
—¿Qué es esto, señor? le dijo. ¿La condesa aqui? ¿y el doncel?
—¿Qué ha de ser, Vadillo? repuso Villena: el infierno todo, que anda mezclado en mis asuntos. Mi castillo está en manos de traidores. La fuga es nuestra salvacion.