—Aprenda usted física. Le enseñará a conocer los fenómenos de la naturaleza.—¿Quiere usted todavía más fenómenos que los que está uno viendo todos los días?

—Historia natural. La botánica le enseñará el conocimiento de las plantas.—¿Tengo yo cara de herbolario? Las que son de comer, guisadas me las han de dar.

—La zoología le enseñará a conocer los animales y sus...—¡Ay! ¡Si viera usted cuántos animales conozco ya!

—La mineralogía le enseñará el conocimiento de los metales, de los...—Mientras no me enseñe donde tengo de encontrar una mina, no hacemos nada.

—Estudie usted la geografía.—Ande usted, que si el día de mañana tengo que hacer un viaje, dinero es lo que necesito, y no geografía; ya sabrá el postillón el camino, que es su obligación, y dónde está el pueblo a donde voy.

—Lenguas.—No estudio para intérprete: si voy al extranjero, en llevando dinero ya me entenderán, que es la lengua universal.

—Humanidades, bellas letras...—¿Letras? de cambio: todo lo demás es broma.—Siquiera un poco de retórica y poesía.—Sí, sí, venga usted con coplas; ¡para retórica estoy yo! Y si por las comedias lo dice usted, yo no las tengo de hacer; traducidas del francés me las han de dar en el teatro.

—La historia.—Demasiadas historias tengo yo en la cabeza.—Sabrá usted lo que han hecho los hombres...—¡Calle usted por Dios! ¿Quién le ha dicho a usted que cuentan las historias una sola palabra de verdad? ¡Es bueno que no sabe uno de lo que ocurre en casa!

Y por último concluyeron:

—Mire usted—dijo el uno,—déjeme usted de quebraderos de cabeza; mayorazgo soy, y el saber es para los hombres que no tienen sobre qué caerse muertos.