Esto sin embargo, los ensayos siguen su curso natural; el autor se consume porque los actores principales no dicen su papel en el ensayo, sino que lo rezan entre dientes.

—Un poco más energía—se atreve a decir el autor en ademán de pedir perdón.

—No tenga usted cuidado—le responden;—a la noche verá usted.

Con esto, apenas se atreve a hacer nuevas advertencias; si las hace, suele atraerse alguna risilla escondida; verdad que, a veces, el autor suele entender de representar menos todavía que el actor.

—¿Qué saco yo en la cabeza?—le pregunta una joven.—¿Diadema?

—No es necesario.

—Como soy...

—No importa, se va usted a acostar cuando sucede el lance.

—Es verdad.

—Y yo, ¿qué saco en las piernas?