Ya no falta más que imprenta. Corro a una...
—Aquí es imposible: no hay letra.
Corro a otra.
—Aquí, le diré a usted francamente, no hay prensa.
A otra.
—Aquí no queremos periódico, hay que trabajar de noche. Dios ha hecho la noche para dormir.
—Sí, pero no el impresor—contesto furioso.
—¿Qué quiere usted? Luego, es trabajo en que no se gana: como no hay cajistas en España, piden un sentido, se hacen valer; el público no quiere pagar caro, el oficial no quiere trabajar barato.
—¿Conque es imposible imprimir un periódico?
—Poco menos, señor; y si acaso se lo imprimen a usted, será caro y mal. Pondrán unas letras por otras.