—¿Qué novedad traes?
—Ninguna; pero he tenido miedo de las cosas que se hablan de don Enrique, y esta noche misma le he suplicado que me permitiese volver al lado de mi amada prima: ¡me acordaba tanto de ti!
Una lágrima de sensibilidad se asomó á los ojos de Elvira oyendo la ingenua manifestación del medroso pajecillo.
—¿Y don Enrique te lo ha concedido?
—Por más señas que no he escogido la mejor ocasión; estaba tan distraído y tan ocupado en sus... mira... se me figura que estaba en uno de aquellos ratos en que dicen que tienen los hechiceros el enemigo... ¡Jesús!
—¡Jaime! ¿Quién te ha enseñado á hablar así de tu señor?
—Bien: no volveré á hablar; ahora ya no me importa. Ya estoy con mi Elvira, que me confiará sus penas, añadió el paje tomando una de las manos de la hermosa camarera.
—¿Qué anillo es ése? exclamó ésta dejando el voluminoso pergamino que hasta entonces había leído, para examinar de cerca el hermoso brillante que relumbraba en un dedo del paje. ¡Jaime!
—¡Ah! éste no se ve, gritó puerilmente Jaime retirando y escondiendo su mano. ¡Éste no se ve! Es un regalito; á mí también me regalan, señora prima, no es á vos sola á quien...
—Vamos, ven acá, Jaime, y dime quién te ha dado ese anillo; ó si por ventura tienes que acusarte de algún...