—¿Á quién? ¿hay otra en el mundo por ventura? ¿conoces tú otra?

—¿Estáis loco?

—Sí, lo estoy, estoy lo que quieras, con tal que me la enseñes. Verla, no más verla. ¿Dónde está?

—¡Desdichado! ¿Y Hernán Pérez, señor?

—¡Ah! Hernán Pérez no vendrá. Ahora halconea con el rey en la ribera. Me he perdido de propósito por encontrarla.

—¿Pero no veis cuán mal hecho es lo que hacéis?

—¡Mal hecho! ¡mal hecho! ¡Siempre la reconvención, siempre el deber, y siempre la virtud! ¿Quién te ha dicho, paje, que estoy obligado á hacerlo todo bien? ¡Peor hecho es ser ella hermosa!

—¡Qué palabras! Pues advertid que ver á mi prima es imposible.

—¿Imposible? repitió con una amarga sonrisa el doncel. ¿Por ventura no está?

—Estar... respondió con algún embarazo el paje, eso... Mirad: está; pero si queréis creerme, es como si no estuviera. Para vos debe ser lo mismo.