CAPÍTULO XXXVIII
Traidor sois, Payo Rodríguez,
El mayor que ser podía.
Yo vos haré de conocer
Ser verdad lo que decía.
Entraré con vos en lid
Y en ella vos vencería.
—Mentides, Rui Páez Viedma,
Pai Rodríguez respondía,
Por eso sois vos reptado,
No yo que nada debía.
Diéronse luego sus gajes,
Y en el campo entrado habían.
Procuran de se matar;
Muy cruel batalla habían.
Sepúlveda, rom.
—¿Pararemos aquí, si os parece? decía deteniendo su mula á la puerta de la hospedería de Andújar un hombre de quien ya hemos dado una pequeña muestra en la cena á oscuras que describimos en capítulos anteriores.
—Como gustéis, repuso su compañero de viaje, á quien sólo por su muletilla favorita habrán conocido ya nuestros lectores.
—¡Ah, de la hospedería! ¡Buena gente!
—¿Quién es la buena gente? replicó una voz agria y descompasada, semejante al desapacible chirrido de una chicharra, la cual salía del endeble cuerpo de una vieja mal humorada que acababa de asomarse á una fenestra. No hay posada.
—Como gustéis, replicó apeándose Nuño; pero reparad, buena Beatriz, que somos, es decir, que soy vuestro compadre el de Arjonilla...